Todo el Universo está interconectado,
el todo depende de las partes y éstas del todo,
todos y cada uno somos parte de un Gran Plan,
por eso no existen las coincidencias ni las casualidades,
todo se mueve alrededor de causalidades y sincronicidades.
Nuestra vida no puede obedecer a ciegas fuerzas de azar,
accidentalidad, eventualidad y casualidad.
Venimos a la Tierra atraídos por un propósito
trascendental y, así mismo, cuando cumplimos
con nuestra misión, la abandonamos por un
propósito, sentido y dirección de orden mayor.
En la rueda de la vida el azar no existe,
tampoco los accidentes ni las eventualidades sin razón,
sólo los propósitos y las acciones interconectadas.
Todos los acontecimientos y las personas
con la que escribimos cada día las historias
de nuestras vidas y de la humanidad
están ahí, en tiempo, color, dirección y espacio,
como fuerzas de necesaria atracción
para nuestro crecimiento, aprendizaje y evolución.
Todo está en nuestras vidas y en el Universo
como el gran entramado de un propósito superior.
Extraído de: Ideario para el camino
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